Sesión 8 - 16/10/2023.

    Sobre la sesión de hoy, no creo que hable mucho, ya que nos hemos dedicado, mayormente, a ver los vídeos sobre las discriminaciones en torno a las que ya reflexioné en sus respectivos foros. Las mismas las añadiré en un próximo anexo del blog junto a otras actividades. Sin embargo, sí que he hecho unas cuantas anotaciones durante la clase que me gustaría comentar.


En primer lugar, recalcar la afirmación hecha sobre el profesor de “antes de discriminar, recordemos que todos somos diferentes”, no refiriéndose al clásico discurso “todos somos especiales, cada quien tiene su mundo mental, etc”, sino a una realidad física que, con toda certeza visual, nos demuestra que somos diferentes: ni todos los blancos somos igual de blancos ni todos los negros son igual de negros; los hay pálidos, amarillentos, rojizos, morenos, muy morenos, etc. Es curioso porque si antes, para cuando se hizo en sesiones pasadas la distinción entre etnia y el concepto real de raza, aún quedaba alguna duda, ahora sí que sí, ¿queda algo en lo que se puedan basar los que aún creen en la raza? Porque de todo un grupo al que llaman blanco, sólo cuatro “monos” tienen la piel igual… Y dos de ellos hasta difieren en el color de pelo. Es, por lo tanto, la misión del maestro, la de educar, entendiendo a la misma como la acción de enseñar a trabajar en unidad, en el compañerismo más absoluto, rompiendo la formación de grupos afines que puedan ser focos de discriminación, como víctimas o como victimarios.


Otro de los modos en que alguien puede sufrir discriminación, lo relaciono, en parte, con el concepto visto en sesiones anteriores de “desviado social”, pues se da cuando alguien hace que escapa de lo percibido culturalmente como correcto o, sencillamente, normal. Nunca me había parado a pensarlo pero desde pequeños, como ha dicho el profesor, ya medimos estos parámetros de “correcto” o “incorrecto” cuando lloramos en función de la reacción que queremos desatar en nuestros padres. Hay muchos motivos por los que me puede parecer que un autista sufre bastante por las limitaciones de comprensión con cosas como el sarcasmo, pero el hecho de que no distingan entre “correcto” o “incorrecto”, lo veo como una liberación que muchos “neuróticos sociales”, si cabe el término, necesitan hoy en día. Antes de que se me malinterprete, remarco el que es una liberación en muchos de los casos, en otros como en el Adam Lanza, pues igual sí que convendría hacer una mínima distinción entre “correcto” y “no correcto”... No todo es totalmente blanco ni totalmente negro, entre medias hay una escala de grises (no lo había pensado cuando lo he escrito, pero esta analogía parece hasta irónica en esta ocasión en la que estamos hablando de la discriminación).


A continuación, tras ver el vídeo de “niños no golpean niña por ser niña”, el profesor ha hecho una afirmación que me ha parecido sumamente interesante: “la desigualdad en el aula es un reflejo de cómo se construye el entorno social”. Es algo que tampoco me había parado a pensar, pero verdaderamente es así, la clase no deja de ser un Microcosmos reflejo de una sociedad mucho mayor. Observando la clase, se pueden ver los pecados del mundo por así decirlo, cuál es la percepción de vida que tienen “los mayores” en los que basan su comportamiento estos niños y, por ende, en la red mental del marco social al que pertenecemos. De nuevo, el término educar: ese Microcosmos de la clase, en un futuro será el Macrocosmos social. ¿Querémos mejorar el mundo? Pues empecemos por el principio: los hombres y mujeres, no del presente, sino del futuro.


Una pequeña reflexión reflexión que también me ha llamado la atención ha sido la de “la diferencia del valor asociado a las cosas en función de la edad y el lugar de origen”, aunque tampoco voy a profundizar mucho en ello ya que, quizás porque lo tenga muy presente, casi que doy por obvio que algo físico que evoca realidades metafísicas, comprende un valor incalculable frente a un mero objeto que no refleja más que su propia materialidad. Y respecto a la denominación de origen, quizás es porque si empiezo a contar, sale un número elevado de veces las que he visto el vídeo de los deseos españoles frente a los ugandeses, pero también veo ciertamente obvio que el marco económico del que te rodees va a determinar si tus aspiraciones se orientan más hacia las necesidades primarias, las secundarias o los meros caprichos. Ahora, que yo lo vea como obvio, no significa que los niños también, a ellos veo necesario que se les dote de consciencia humanitaria: no que renuncien a sus deseos mediante la implantación de culpa por querer cumplir un sueño aprovechando que no tienen ninguna necesidad básica a suplir por su condición, no me estoy refiriendo a esa clase de coerción absurda y perversa; en cambio, me refiero a que ellos sean capaces de valorar más aquellos que tienen y, en consecuencia, les permite tener los sueños y aspiraciones que tienen y, de ese modo, quizás matemos dos pájaros de un tiro y uno de esos niños en un futuro sea el responsable de toda una revolución económica.


Antes de finalizar con las reflexiones, el profesor ha abierto su lado más sincero y ha afirmado que su mayor preocupación son los niños. Nos ha contado toda una experiencia que lo avala y con la que ha extraído la idea de que “las adicciones de los adultos repercuten en los niños”. Esto me suena por la Teoría Ecológica de los Sistemas de Bronfenbrenner, donde los padres serían el microsistema que indicarían en el menor esta hipotética adicción como parte normal del día a día. Todo esto no es culpa del niños, es por esto mismo que los maestros debemos integrarlos y amarlos a todos por igual, como hermanos y no ser de esos “cabreros”, porque no tienen otro nombre, que se limitan a dar berridos con sus quejas y a tratar a los niños que consideran “distintos”, irónicamente y teniendo en cuenta el ejemplo, como animales. Todo esto se resume en una frase que, en palabras del profesor, dijo una gitana y que, la verdad, no me esperaba: “a mi hijo, en el colegio, solo quiero que lo quieran”.


Es fácil tener buenos alumnos cuando infundes terror, por lo que muchos olvidan que estudiaron
para convertirse en maestros, no en terroristas.


La sesión finalizó con una introducción al tema de la desigualdad (tema 2), el cual ha sido el motivo del porqué de todas estas reflexiones y vídeos previos. Para profundizar en esto, me espero a las siguientes sesiones, donde veremos más en esencia los tipos de desigualdad. Pero a vuelo de pájaro, digamos que se pueden agrupar en culturales y económicas, con excepción de la de género, que es mixta. Lo cierto es que tiene sentido porque, al fin y al cabo, la discriminación no se da por un motivo real, sino que va de la mano de la opinión y la opinión siempre será favorable o desfavorable ne función del dinero y la ideología o, en caso del género, en función de los valores en relación con el dinero y la cultura asociados al roll de este o aquel género.


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