Sesión 21 - 04/12/2023.
La clase de hoy, ha sido comenzada bajo la panorámica de los cambios en las familias en los tiempos actuales, donde las modificaciones sociales dentro del corpus familiar, difiere al épocas anteriores en morfología de las familias (se trasciende el esquema de familia tradicional para dar pié a otros modelos), pautas de formación de los hogares (nuevos tipos de familia equivale a nuevas ideologías y métodos, y viceversa), distanciación de los roles en los hogares (ya no son tan marcados los papeles de unos y de otros), convivencia de los miembros de las parejas (por ejemplo: hoy el divorcio es normal para nosotros en la misma medida en que era anómalo para nuestros abuelos), pautas de crianza y socialización de las nuevas generaciones (nuevas ideas, métodos…) y en estrategias de cuidados de las personas dependientes (a lo mejor, decides cuidar del abuelo ya que, no solo sale más barato que meterlo a una residencia, sino que su pensión puede contribuir a la economía del hogar).
Si todo esto es necesario tenerlo en cuenta, se debe a que la importancia de la institución familiar reside en la medida en que puede suponer un punto de apoyo para el niño/a, así como una última red de protección que tienen los individuos frente a riesgos de exclusión y dificultades de progresión.
Sin embargo, también cuentan con una serie de preocupaciones tales como las dificultades que tienen para organizar y coordinar de manera satisfactoria los espacios del hogar y los tiempos de la vida cotidiana, así como la carrera cotidiana contra el tiempo a la hora de atender las necesidades emocionales, inculcar valores, transmitir conocimientos y la calidad del tiempo empleado en cuanto al determinante del bienestar y capacidad productiva futura.
Explicado de forma más sencilla, lo anteriormente dicho hace referencia a que la calidad de educación del niño, no consiste en malcriarlo (consentirle, darle regalos sin necesidad ni pretexto, suplirle los caprichos por el mero hecho de pedir…), sino en la calidad de prestación de atención y entusiasmo al mismo. Siendo así, que el éxito escolar depende en gran medida de la atención recibida en la familia. Por lo tanto, es necesario que en casa haya una cierta continuidad del trabajo hecho en clase por el maestro/a.
Volviendo a los cambios, tomamos en cuenta la aparición de los mismos en aspectos considerablemente profundos. Un claro ejemplo se da en los valores, donde las ideas de igualdad, tolerancia y libertad han impregnado la sociedad, además de un creciente sentimiento individualista. Por esto mismo, es por lo que las normas han sufrido una relativización que dirigían elecciones y conductas. También, tenemos un incremento constante del consumo y el bienestar material, sumado a una sobrevaloración del presente frente al futuro.
Cambiando de tema: pasemos con las características de las relaciones entre padres e hijos. Primero que nada, tenemos que hoy en día hay una mayor preocupación por el bienestar de los hijos (ya que se tienden a tener menos) y una mayor inversión emocional, sentimental y económica en los niños que ganan centralita en la familia. Luego de esto, tomamos en cuenta al cambio sufrido en el modelo educativo y de relación, comenzando por el abandono de las formas de autoridad patriarcales y continuando con la mayor existencia del diálogo, la conciliación y el consenso, generando así un mayor clima de confianza.
Todo esto influye y se ve afectado en proporciones análogas por el capital social de las familias y la educación de los hijos. En los tiempos que corren, hay una mayor capacidad de establecer relaciones intergeneracionales y vínculos sociales con sus hijos. Ello se refiere al conjunto de habilidades y capacidades parentales positivas que engloban aspectos como la estructura de los vínculos familiares, la intensidad y el contenidos de las relaciones dadas entre los integrantes de la familia, los roles y normas que se ejecutan y el grado de comunicación entre los progenitores y su corresponsabilidad en la educación.
Este capital social en el que crece el niño, puede ser determinante durante la transición entre la infancia y la adolescencia, donde la transformación en el físico y la actividad hormonal suponen un cambio muy significativo en la vida emocional y psicológica que el chico o la chica llevaba hasta el momento (en las chicas aparece antes que en los chicos). Asimismo, podemos tomar en cuenta la inmersión en nuevos contextos sociales del tipo de las redes sociales, nuevas normas, etc.
Uno de los cambios más significativos en las familias hoy en día, es la conversión de la mujer a un papel más activo y productivo de la mujer en el mercado laboral. Esta modificación, ha podido dar lugar a nuevos modelos familiares como, por ejemplo, el modelo de familia negociadora. Este nuevo tipo de familia se distingue del resto, en las actividades compartidas entre padres e hijos, en los tiempos acordados entre el chico/a y los progenitores (mayormente respetados por estos últimos por el clímax de confianza vigente), los datos normalmente equitativos entre cada componente del núcleo familiar y la búsqueda de una mayor estabilidad laboral, al ser esta considerada como una mayor disponibilidad familiar. En cuanto a las relaciones de confianza mutua, este modelo se distingue de otros por el hecho de generar un entorno de confianza en el que no se suelen dar muchos pactos (28% de las ocasiones), dándose principalmente en la elección de actividades lúdicas, la hora de llegada y la hora de ir a dormir. El grado de confianza es importante a la hora de asegurarse de que el adolescente no realice actividades peligrosas o incívicas.
Por lo tanto, el modelo de familia negociadora, por un lado, disminuye la autoridad paterna, pero, por otro lado, ha aumentado la confianza y el diálogo intergeneracional.
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