Sesión 16 - 15/11/2023.
La sesión comenzó con la aclaración de que el poder no lo tienen ni las firmas ni los sellos, sino la validez dada por las instituciones a los funcionarios que dan dichas firmas y sellos. Lo cierto es que esto me generó la duda de: ¿y si alguien falsifica mi firma online? En algunos documentales sobre estafadores, he visto la increíble habilidad de algunos expertos a la hora de detectar firmas falsificadas a mano, por muy iguales que estas parezca. Sin embargo, en la era digital, no hace falta falsificar nada cuando se puede hacer una captura de una firma digital y pegarla en un documento. Investigando un poco, me topé con la página web de Firmafi, una empresa que, precisamente, se dedica a todo esto de certificar correos electrónicos, registrar firmas digitales… Aquí, es donde me he dado cuenta de que los documentos oficiales siguen un estricto procedimiento a la hora de digitalizar a los firmas, invalidando todo documento que contenga firmas en imágenes. Habrá quien pregunte que cómo se sabe si realmente es una imagen si imprimen el documento, y la respuesta es tan simple como que, en caso de documento impreso, debe firmar manualmente el dueño de la supuesta firma impresa.
Luego de esto, pasamos a ver el conflicto y la tensión entre alumnos y docentes, producto de las diferentes motivaciones y aspiraciones por las que cada grupo, por así decirlo, acuden al aula. Mientras que el docente trata de cumplir con la programación, los alumnos tratarán de burlar la metodología en beneficio de conseguir horas libres o clases lo menos magistrales posible. Un claro ejemplo de esto, era cuando en el instituto nos decían que había una charla a, por ejemplo, quinta hora y, muchos de mis compañeros, optaban por irse del centro a esa hora, llamando incluso a sus padres para que los recogieran; otros, sí que asistían, pero se pasaban la hora hablando. Lo que se observa desde afuera claramente es, por lo tanto, como a la directiva del centro le interesaba enseñar a sus alumnos la importancia de donar órganos mientras que, los alumnos, veían marcos de horas libres gratuitas.
Esta tensión entre ambos “bandos”, si cabe el término, se ve en la primera fuente con lo dicho, diferencias motivacionales e intentos del alumnado por sobrepasar la organización burocrática de la escuela. La segunda fuente de tensión, depende del profesor, dotado de arbitrariedad por la institución para tratar de afrontar la diversidad estudiantil.
Continuando con el docente, tenemos la holgura estructural entre su papel como burócrata y su papel como profesional. Siendo así que, en la actividad docente, su papel burocrático figura como controlador administrativo, fijador de los niveles de logro y, por ley, el docente ve restringida su autonomía. Ahora, desde el papel de las responsabilidades político-administrativas, encontramos una compleja red que cohesiona la totalidad de las instituciones que forman parte de la escuela con el Estado mediante los currículum nacionales, una clara conexión entre las organizaciones administrativas y profesionales y un sistema de exámenes que mide la competencia del alumnado bajo parámetros iguales en todo el territorio nacional. Todo esto limita de cierta manera el rango de autonomía (holgura) del profesional ya que, el depender de la burocracia, implica que un pensamiento, aunque no te guste, es válido si la administración así lo considera y debe ceñirse al guión. Ciertamente, es importante que haya alguien regulando todo esto, porque así se evita que cualquier depravado perturbe a los niños y niñas con cualquier estupidez o perversidad… Sin embargo, aduzco con las mismas razones expuestas cuando de temas similares en este blog, que es necesario flexibilizar el proceso, ya que casi parece que quieren castigar o desmotivar a los que, lejos que perjudicar a los estudiantes, serían capaces de obtener grandes logros con sus propuestas y, sin embargo, la burocracia tan solo les pone trabas. Por esto mismo, es que considero importante flexibilizar la burocracia en lugar de tratar de hacer de esta pilares rígidos e inmutables que aplaudan a la mediocridad del sistema tradicional al que tanto critican.
Otros factores claves a la hora de determinar la holgura del docente, se encuentran en la ausencia de carrera profesional en el profesorado (el profesor, al estar solo en el aula, es acreedor de jurisdicción direccional en esos límites, independientemente de cualquier jerarquía profesional o técnica. Por otra parte, no hay posibilidad de darse a conocer al colectivo docente y sus posibilidades son meramente burocráticas. Todo esto, refuerza la tensión entre burocracia y profesión) y la división del trabajo escolar (ya que es temporal y cíclico, a través de los períodos lectivos apilables en jornadas, trimestres… Y funcional al tener maestros no especializados exclusivamente en una materia, permitiéndoles desempeñar varias asignaturas). Dicho en palabras de Holy (1973): “la autonomía del profesor opera dentro de la coerción de una estructura que aquella no genera”.
Los elementos de autonomía, radican en la práctica profesional de satisfacción intrínseca, que se basa en el ciclo de “autoridad personal basada en el conocimiento - centralidad del cliente - metas profesionales - reglas flexibles” que se retroalimenta. Es así, que el maestro se ve encerrado en una monotonía tan solo posible de superar mediante el enfoque en aquello que realmente te interesa y motiva, ya que es lo que realmente te da autonomía y evita que tengas doscientos títulos inútiles obtenidos a través de cursos sobre cosas que jamás has empleado ni emplearás tan solo por el vago deseo de ganar puntos que te brinden la posibilidad de ir a un sitio que crees mejor y donde, seguramente, se repita el mismo ciclo depresor si no eres capaz de enfocar correctamente tu camino formativo. Así, el cambio se puede dar de dos maneras: de manera educativa o interna (en el currículum, la pedagogía y la organización de la enseñanza y el aprendizaje) y de forma externa (por tendencias sociopolíticas en la sociedad en torno a los centros escolares).
Dados estos cambios, el profesor puede adoptar diferentes actitudes (restringida, moderada y extendida), ante circunstancias como la aparición de métodos de cooperación de enseñanza y participación en la toma de decisiones que suponen una pérdida de la autonomía del profesor, una fuente potencial del incremento de su control (pierde aislamiento) y una situación de interdependencia funcional. Estas actitudes, que está claro que marcaran la etapa escolar de los estudiantes, no dejan de deber ajustarse, aún así, a la perspectiva del poder de la escuela, donde la acción social, motivada por la ideología, debe legitimarse a través de esta misma, comparándola con los valores socialmente aceptados y en los que se basa la autoridad a la hora de validar o invalidar las propuestas en un proceso, por supuesto, burocrático. Esto nos deja en claro que, realmente, la escuela en una institución heterónoma (está sometida a un poder externo).
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