Sesión 14 - 08/11/2023.
Retomando la teoría por donde lo dejamos en la sesión pasada, partimos de que el alumno es el punto central, a diferencia de lo que muchos creen de que sigue siendo el profesor (eso es contaminación histórica), siendo así que el maestro debe organizar sus clases en torno a sus estudiantes, tomando en cuenta las relaciones entre cada uno, sus reacciones, etc. Obviamente, considero esto de lo más acertado, al fin y al cabo, el creer que un profesor es la autoridad máxima solo por estar ahí, resulta en una negligencia tan vasta como el confiar plenamente en un desconocido, solo por el título que lleva su nombre, o el dar a alguien el permiso de poder abusar de ti, solo por haber nacido antes que tú. Para aprender, es necesario dudar, no memorizar, motivo por el cual me gusta bastante más el enfoque que anteriormente se le daba a la Universidad como lugar de discusión, no de asimilación. Es así, que estimo necesario recuperar el sentido con el Cicerón comenzó lo que más tarde se llamó Universidad, un lugar donde el conocimiento se halla mediante la discusión y el debate, nada de asumir por asumir.
Ya analizamos en sesiones anteriores la infamia tras la frase “cada maestrillo tiene su librillo”, por lo que hoy el profesor ha sido claro y conciso diciendo que “cada maestro tiene sus ocurrencias”, por lo que convendría ver si esas ocurrencias funcionan o no. Aquí me he hecho cierto lío, porque por una parte se dice que innovemos y, por otra, se nos dice que innovar no es sencillo por el proceso burocrático que supone, por lo que he preguntado y el profesor me ha ofrecido la respuesta de: “si la educación es la institución donde más bajas por depresión hay, es porque castiga a los que cumplen la ley y es bueno con quien la incumple” y el ejemplo que ha puesto me ha parecido más que convincente y realista. Sin embargo, hay un factor clave en todo esto: la influencia del entorno y la carga temporal. Si no comienzas cada año como si fuese tu primer año y si no trabajas como si la educación dependiera de ti, fijándote, su lugar, en tus compañeros y acumulando agotamiento año tras año, es obvio que te vas a frustrar, pero aquí entra en juego la fortaleza de cada uno, algo que, si no se trabaja, te conduce, indudablemente, al fracaso. Yolanda Artero, psicóloga, es claro en todo esto: “las creencias limitantes son, a su vez, limitadores de vida”. Según ella, estas creencias se recogen de nuestra percepción del entorno. Así es que, aboliendo la importancia del entorno, ¿qué creencia te queda por recoger? E incluso mejor: haciéndote impermeable a la influencia del entorno gracias al trabajo sobre uno mismo: ¿qué entorno hay que te pueda influir?
Una gran forma que tiene la Universidad de hacer crítico al maestro, es sometiéndolo a la contradicción: le dice que no debe dejarse arrastrar con nadie para después, en Practicum I, obligarlo a ello. Lo veo un método simple, ya que la contradicción es la mejor forma de hacer mella en una mente dual como la nuestra, aboliendo así todo influjo limitante y falsamente racional. Ya lo dijo Osho cuando le preguntaron acerca de sus contradicciones: “si me contradigo, es para romper tu mente y que puedas asimilar de verdad lo que digo”.
A continuación, procedimos con la teoría del Power Point, donde vimos los sistemas educativos en España, tanto el viejo (constituido por escuelas privadas e inconexas), como el nuevo (donde hay tanto públicas como privadas, con libertad limitada de enseñanza, un sistema educativo centralizado y una institución bipolar que oscila entre obligatoria y secundaria). También hemos visto los distintos sistemas educativos autoritarios, estando conformados por los católicos, el nacional español y la enseñanza primaria, dividida en elemental (de 6 a 10 años), de perfeccionamiento (de 10 a 12 años) y profesional (de 12 a 15 años).
Casi por el final de la clase, ha vuelto a aparecer el concepto de contaminación histórica, ahora referido a la Formación Profesional ya que, donde antes era un cursillo de seis meses donde iban los que “no valían para estudiar y no podían con bachillerato”, ahora es parte de la educación secundario y, aún así, se sigue teniendo este prejuicio. Fue si mal no recuerdo, la semana pasada, cuando hablando con un amigo mío, este me dijo: “entré en la FP pensando que me iba a poder descansar agusto el refajo (lo dijo de una forma algo más vasta) y resulta que estoy pensando si salirme y todo, qué agotador”; a lo que le respondí que era obvio que muchos de los que eligieron la FP están más atraídos por la práctica que por la teoría, o que ya tienen clara su vocación, pero que eso no los exime del esfuerzo que conlleva obtener la titulación… Recalco lo de que “quienes ya tienen clara su vocación” porque el Bachillerato, para no considerarlo absolutamente inútil, he llegado a la conclusión que sirve para abrir puertas a los que aún no tienen muy claro hacia dónde ir pero más o menos se decantan hacia qué campo tirar.
Antes de finalizar, hemos dado un segundo repaso a la rúbrica de autoevaluación del portafolios y hemos hecho un ensayo de examen. Mi resultado ha sido un 9,33 sobre 40, algo con lo que no me he alarmado a pesar de haber visto que más de la mitad de la clase ha aprobado y yo nunca he hecho una sola recuperación. Me explico: ayer los de infantil dieron el chivatazo del examen de ensayo sorpresa, a lo que todo el mundo se puso como loco y se dispusieron a estudiar como buenamente pudieron, algo a lo que me negué rotundamente por algo: si es de ensayo y es sorpresa, algún propósito tendrá, luego si las preguntas del final son más difíciles o nos dan menos tiempos, que nadie se pregunte por qué. Quien no, también divisé por el rabillo del ojo que ojeaban sus apuntes (me confirmaron luego mis sospechas cuando saqué el tema como quien no quería la cosa), cosa que podría haber hecho yo, pero a lo que también me negué por la misma razón anteriormente expuesta. Finalmente, es posible que alguien haya aprobado solo con lo oído en clase, pude haberlo hecho yo, pero mi problema, curiosamente, ya que no es algo que suela pasar, es que he repensado demasiado las preguntas. Sencillamente, las había muy simples y, de hecho, son en las que al resto les han parecido más simples en las que he fallado y, en las que han considerado más complejas y más dicen haber fallado, son en las que he acertado… Considero que se puede deber a que he creído que se trataban de preguntas trampas y me he engañado a mí mismo… Más que nada, porque al carnet de conducir acudí habiendo hecho solo cuatro test y sin haber abierto siquiera el libro, acudí con lo que escuché en las cinco clases a las que fui y tampoco es que yo fuese de antes un experto en mecánica y automoción porque descubrí en esas clases tanto la existencia del embrague como las marchas (ahí le vi el uso a la palanquita), por lo que obviamente las preguntas me resultaron sumamente difíciles… Bueno, pues aprobé a la primera con cero fallos, por lo que no me extraña que, en esta ocasión, habiendo visto preguntas excesivamente simples, me haya engañado a mí mismo pensando que eran trampa y, al no serlo, he fallado. En fin, bueno es fallar porque así se aprende, eso sí, siempre y cuando se aprenda, porque eso de estar lamentándose, llorando, pataleando y dando vueltas a la cabeza por nada, lo siento por el masoquista al que le gusta pero no conlleva al progreso por ningún lado. Es necesario ser estoico en tu enfoque y reflexión si se quiere aprender de los fallos que todos, sin excepción, tenemos.
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