Sesión 12 - 30/10/2023.
Si la sesión anterior fue canalizadora del método dialógico; esta, sin duda, sigue el fiel ejemplo burocrático. Que no se me malinterprete, no digo que haya sido mala sesión, tan solo hago una pequeña broma que ironiza el contraste entre la sesión pasada, marcada por el debate (dialógica) y la de hoy, regida por el seguimiento del contenido previsto de dar en la materia (burocrática).
Antes de ponernos al día con la teoría, se nos ha dejado bien claro que el profesor, pese a ser una figura autoritaria, incurre en el delito en caso de hacer uso abusivo de su posición, con conductas tan “del día a día” como lo son agarrar a un alumno del brazo o castigarlo en el rincón de pensar. El porqué esto lo he expresado como “del día a día”, es por el simple motivo de que muchos padres, o bien son desconocedores de las pautas legales, o bien creen que lo mejor es hacer la vista gorda con tal de evitar otros posibles líos que estiman tan posibles como mayores, ofuscando la posibilidad de hacer que los niños y niñas gocen de una educación realmente motivadora lo que, según considero, no es un retroceso. ¿A qué me refiero con esto? Muy simple: hoy en día nos jactamos de los avances logrados con respecto a tan solo unas pocas décadas atrás. En la educación, es difícil hablar de retrocesos cuando casi no se dan avances, por lo que estos profesores (si es que se les puede aplicar el término) no son muy distintos de los de antaño de regla y vara… Solamente que aquí se trata de disimular un poco esa infame frase de “la letra con sangre entra”, centrándose más en el daño psicológico que en el físico. Es así que, de nuevo, no es un retroceso, es un estancamiento. Afortunadamente, con colegios como los vistos en los vídeos un par de sesiones atrás, podemos observar que algunos centros ya están comenzando a coquetear con el concepto de evolución.
Una considerable diferencia dada entre los centros públicos y los concertados, es la aplicación del método académico o el burocrático. Muchos colegios privados alardean de sus resultados y contenidos por ser firmes al método académico, donde sus docentes se comprometen a actualizarse constantemente para impartir los conocimientos oficiales y reformados. Esto es más complicado de regular en los centros públicos, ya que los maestros tienden a tirar por la burocracia donde, por su posición, se hace “lo que ellos digan y punto”. Para ejemplificarlo, el profesor nos cuenta la historia de su sobrina, donde suspendía por culpa de una profesora que le impartía sus clases de lengua en base a un método más que desfasado y que poco o nada tenía que ver ya con las normas de la lengua actuales. Lo cierto es que creo que ya lo he dicho alguna vez: que esas personas que se aferran de forma dogmática a sus conocimientos solo porque cuando los estudiaron eran lo “más empírico”, no son más que idiotas bien informados (y esto va sin las comillas porque es tal y como suena). Hasta el propio Albert Einstein, por más que quiso defender la oligarquía de la Física Tradicional, no tuvo más remedio que ceder ante la voracidad de veracidad de la, para en ese entonces reciente, Física Cuántica, cuyos muchos de sus principios y descubrimientos atentaban directamente con lo que se entendía como “ley certera” en la física de ese entonces. Esa profesora, que se empeñaba en enseñar acerca de la lengua según el método antiguo, no era muy distinta de los que aún hoy en día defienden impartir el Creacionismo en contraposición a la Teoría Evolutiva: uno suena más absurdo que otro, pero la conclusión es que ninguno de los dos es útil o, siquiera, real más allá de la Realidad Psíquica del individuo que lo cree.
Ahora sí, como pequeño esquema de lo que veríamos en la teoría del día de hoy, tenemos que el estudio de la organización escolar se sustenta en los objetivos que persigue la escuela, la organización técnico-administrativa de cada centro, la organización del aprendizaje (distribución espacio-temporal de los alumnos) y las prácticas educativas relativas a la cultura, trabajo docente y la subcultura de los alumnos.
Todo esto es importante, sobre todo cuando te das cuenta de que a nada de esto se le suele dar importancia. Básicamente, en los centros educativos hay una jerarquía administrativa regulada por el Consejos Escolar, siendo la Secretaría en el caso de los colegios. Aquí, todo está medido por la ley, por lo que los documentos que se entregan en secretaría exigen ser originales, trayendo aquellos absurdos problemas de si esta foto sirve, esta no sirve, etc, etc. Lo cierto es que la burocracia llevada al exceso resulta en un problema y, lo peor, es que no es un problema real, sino un problema creado por aquello que creó el humano para tratar de ahorrarse problemas; esto mismo lo dice aquel famoso proverbio romano, “summum ius summa iniuria”, que afirma que “la extrema justicia es extrema injusticia” o, como me gusta a mí decirlo, “la ley llevada al extremo, es la mayor de las injusticias”. Por esto mismo, es por lo que no me han podido brillar más los ojos cuando el profesor ha dicho que los maestros, en el momento en el que extreman su papel como burócratas, incurren en delitos penales. Lo cierto es que es así y no debería ser de otro modo; la palabra profesor, evoca la sensación de “persona que da información” pero al menos para mí, la palabra maestro, evoca la sensación de “persona que orienta”. Alumnos que faltan, que les cuesta comprender, que se comportan de forma distinta o que, por lo general, se salen de la norma, deben ser estudiados y tratados con paciencia y sabiduría por el maestro para brindarles la posibilidad de ser educados y amar el proceso, en lugar de simplemente regirse por el sistema de faltas o el esquema normativo, donde no hace falta ninguna ley para saber de base que pecan de irresponsables. Como bien dije, esto es lo que me evoca la palabra maestro y, que yo sepa, para eso es para lo que estoy estudiando, así es que lo tomo con suma importancia, sí. También digo, así como exijo al maestro, exijo a la familia. Está bien y es lo suyo que el maestro o la maestra se preocupe por el niño o la niña que lleva tres meses sin ir a clase… Pero, si la familia no pone de su parte, no se puede hacer mucho que digamos y tampoco vamos a sufrir en tonto por ello.
De nuevo con el apartado teórico, tenemos que los objetivos de la enseñanza son equivalentes a las funciones sociales de la educación según las leyes educativas y sus diferentes regulaciones específicas, según el sistema de valores predominantes, según la cultura organizativa y según los modos de organización (relaciones laborales, con el derecho laboral, y relaciones funcionales, con el derecho administrativo). Por otro lado, está la organización técnico-administrativa, que bebe de la aportación weberiana, misma que toma en cuenta la racionalidad burocrática (jerarquía de empleados, racionalidad y reglamentos administrativos), donde el fin justifica los medios, al más puro estilo del infame Maquiavelo, y donde el progreso de la organización burocrática se explica por la superioridad técnica (sin embargo, en los centros se evita el recurso técnico cuando los mecanismos de partición evitan la concentración de poder). Lo dicho, la organización, como toda estadística, facilita en gran medida la vida humana y, sin embargo, como la burocracia, complica de sobremanera absurda muchas acciones cuya resolución es apabullantemente lógica… Profesores que no hacen lo que se espera de ellos, el resultado de esos “fines justificados” en la mente de los niños, imágenes con nociones asociadas que poca o ninguna causalidad guarda con el resultado al que se relacionan (de ahí los que se ofenden por no tener una medalla donde pone bien grande “estudié en colegio privado” que lo distinga de su compañero de Universidad que estudió en un colegio privado… En fin, esa clase de tonterías que solo les preocupan a las personas que tienen un considerable nivel de vacío interno).
Para concluir la sesión, hemos visto un par de esquemas más. El primero, habla sobre el origen social de los sistemas educativos (perspectiva de M. Archer), que radica en la lucha de distintos grupos sociales que aspiran a controlar las redes (públicas o privadas) para ascender a las mejores ocupaciones y profesiones (de nuevo, luchas que solo a esos humanos con cierto grado de vacío les preocupan… Me recuerda, casi como una parodia, al noticiero tan gracioso que con pretensión seria se dió en Lima, Perú, si mal no recuerdo, ya que hace mucho que lo vi casi de “casualidad”, donde un grupo de “emos” se habían juntado en una plaza para discutir y pelear con los “punks” porque unos acusaban a otros de ser una tribu urbana que roba a la otra… Y, entre tanto, aparecen los Hare Krishna tocando los bongos, la flauta, saltando y cantando para tratar de calmar la cosa, cuando, sin querer, resultaron ser tomados por unos como una provocación y, por otros, como un símbolo de “pasotismo existencial” por lo absurdo del momento… En la vida, cuando veo esta clase de peleas y competiciones estúpidas, sin duda soy un Hare Krishna), donde el juego de pesos y contrapesos de unos y otros grupos resulta en una mejoría del sistema educativo, dando lugar a una doble red institucional de centros (públicos y privados) y atribuyendo una serie de características propias de singularidad (confesionalidad y separación de lo académico y lo profesional, extensión de la edad de escolarización, etc). Lo cierto, es que sí que son considerables mejoras, pero no sé hasta qué punto apaciguan el motivo por el que este tipo de peleas entre unos grupos y otros se dan.
El último esquema es sobre la genealogía de la escuela (de M. Foucault), con necesidades gubernamentalidad del cuerpo social, donde es necesario administrar la definición de los campos sociales, los modos de educación con los cuerpos de especialistas y los maestros y las técnicas de gestión de cuerpos y alumnos con disciplinas o discursos a través de la confluencia de convencimiento y poder (política de la lengua, anatomía y psiquiatría). Su objetivo es la domesticación de las clases populares.
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